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| Trópico Cantábrico |
TRÓPICO CANTÁBRICO Inventó una historia basada en un sueño que había tenido una noche y estuvo una semana escribiendo, en la cama, un poema.
Haruki Murakami Sauce Ciego, Mujer Dormida
Soñar con un cuadro mientras duermes o desayunas. Mover el pincel sobre la tela siguiendo una orden onírica y finalmente, ver la composición llenando el espacio. Reflejar a su manera el caos para uncirlo a los sentidos básicos. Sueños, trabajo y presencia. Esa es para mí la trinidad en los cuadros de Guerreiro. Una trinidad cuya génesis había sido la contemplación del niño ante la naturaleza. Y la contemplación pasó a ser modo de vida. El niño que veía correr las aguas del río es ahora un adulto sin complejos que reconoce seguir soñando como en su niñez. El niño que sigue a juguetear con las herramientas. El niño que ofrece cuadros para confirmar que ya posee su propia voz como persona. La pintura como autoafirmación. Os silencios da luz, es una nueva muestra de esa autoafirmación. Una colección de imágenes de su, de nuestra, Mariña natal. Casas de indianos en el norte de Lugo, balcones caribeños junto al Cantábrico. Una osadía, porque levantar la suntuosidad del Caribe donde la luz parece adormecida y perezosa, es como encender hogueras en una playa durante una noche cerrada. El sueño que ahora nos ofrece Guerreiro surgió hace mucho tiempo en las mentes de quien en su día había deseado una casa luminosa allí donde había nacido. El éxito en la emigración había que mostrarlo. La construcción de una casa suntuosa era la mejor forma de dar a conocer el éxito y ganar el respeto de todos. Cuando los indianos construyeron sus casas, aportaron estilos en la configuración de balcones y ventanas que no existían en su lugar de nacimiento. Pero tuvieron también la suficiente sensibilidad para añadir elementos del lugar como las galerías. La fusión Caribe-Cantábrico, tan cerca, tan lejos. El sueño de Guerreiro nació de la observación, de cómo la luz adormecida del norte envolvía aquellas construcciones. El juego de luz y sombras sobre la casa tropical era un aullido. Solo cuando el pintor se acercó a ellas y se vieron frente a frente, supo lo que debía hacer. Para entender a los sueños hay que soñar. Las casas mutaron en crisálidas colgadas del árbol cantábrico. Quisieron salir de sus capullos, pero la luz y el calor en aquellas tierras no eran suficientes para la eclosión. Las futuras mariposas quedaron cautivas en sus protecciones. El árbol veía pasar los años sin que aquellos frutos maduraran. Estaban allí, mecidas por el ritmo del tiempo y de las estaciones. Todas aullaban sin que nadie pudiese oírlas. Y fue así como vino la revelación. Un día Guerreiro despertó y entró en su estudio. Allí estaban las telas, los pinceles, los colores y la luz. Entonces, el niño empezó a jugar con las herramientas, a verter el sueño revelador sobre el lienzo. Una a una fueron saliendo las mariposas. No fue fácil, pero allí estaban. Después de tantos años, por fin mostraban sus colores mezcladas con la luz adormecida. El aullido mudo era ahora una lengua del norte con acento tropical. Una explosión tranquila de alegría y luz. Es por eso que los cuadros que vemos en Os silencios da luz son silenciosamente alegres. Son una mezcla de una luz europea con los colores y formas nacidas de sueños indianos. Un tropicalismo cantábrico que Guerreiro supo captar después de un proceso de trabajo primero acumulativo y después selectivo, para regalarnos una colección donde se reflejan todas las ambiciones, esperanzas y deseos de una clase social hoy diluida. Pero esa misma clase social nos ha dejado un legado que ha estado años olvidado y ahora resurge con un nuevo sentido: su valor artístico. Lo que quiere decir que ese sueño indiano ya es nuestro, está ahí como nuestros hórreos, nuestras romerías, nuestros trabajos y nuestras rutinas. Os silencios da luz es por ello, un acto de presencia. Muchos sabíamos de la existencia de esas casas. Muchos sabíamos que a sus propietarios se les llamaba “cubanos”, pero nunca hasta ahora, nos habíamos dado cuenta de la presencia y peso de la herencia arquitectónica que nos habían dejado. Está ahí, en las curvas de las carreteras comarcales o nacionales. En medio de terrenos y pastos. En medio de barrios perdidos en parroquias hoy casi deshabitadas. Estaban ahí y nosotros, mirando a lo lejos, no sentíamos como sus colores se apagaban. Ha hecho falta que la mirada sensible de un pintor las rescatara para tomar conciencia de su existencia. Porque esa es una de las grandes aportaciones de Guerreiro; llamar nuestra atención sobre lo que tenemos pero no vemos.
Ramón F. Mariño nació en Xove y es licenciado en Periodismo
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| 26 May 2010 - 12:32 por Xoan Guerreiro |
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| Nuevos caminos |
Nuevos caminos
Al eterno viajero, al incansable caminante, aún le quedan muchos caminos por recorrer, por descubrir y compartir…
El pasado jueves, día nueve de julio del 2009, Roberto Vilar organiza una visita guiada al Museo Provincial de Lugo de los chicos/as con síndrome de Down. Me pide que acompañe en el itinerario de la exposición “Aluguer de soños” a tan ilustres peregrinos.
No se como comentar este agradable trayecto, lo que si puedo recordar es el día como referencia de felicidad y serena placidez en mi vida, como tiempo de entrega y amor en mi corazón, descubriendo que las pequeñas cosas, en este caso gran acontecimiento, te hacen crecer con la dignidad que el ser racional necesita para seguir evolucionando en el respeto y la solidaridad, en la convivencia y en el cariño entre los hombres.
Cada cuadro de la exposición me devolvía una sonrisa de complicidad de los visitantes, un guiño de ternura, un gesto de simpatía, un eterno carrusel de sensaciones que me trasmitían que lo que había hecho era importante. El arte, la pintura, me regala la satisfacción y el placer que hasta estos momentos no había experimentado y que por supuesto, hasta este día, no había compartido con tan admirables invitados. No había falsas sonrisas ni tampoco académicos criterios, nuestra reunión estaba acompañada de pausados silencios y alegre algarabía. Me sentí bien entre vosotros desinteresados amigos, agradables cómplices.
Quizá la justicia esté en manos de sesudos letrados, pero sinceramente creo que es justo compartir con la humanidad todo lo que, por errado patrimonio y equivocados criterios, solo pertenece a unos pocos.
Mi eterno agradecimiento a mis compañeros de viaje, por descubrirme nuevas rutas, por enseñarme los atajos para llegar con facilidad al destino desconocido y tantas veces deseado, por permitirme seguir soñando con un mundo idealizado y por ser columna de apoyo en su nueva construcción. Sé que estáis ahí, al otro lado de mis sueños, y eso me llena de felicidad y esperanza.
La noche de este día dormí relajado y tranquilo.
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| 14 Jul 2009 - 12:28 por Xoan Guerreiro |
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| El número trece |
Tuve un hermano que se jugó la vida al número trece.
Nació un trece de Marzo, hizo de aquello sesenta y siete años. Se casó el día en el que el calendario marcaba el trece. Sufrió dos accidentes de motocicleta, ambos separados por el tiempo pero coincidentes en la numeración diaria: el trece.
Apostaba a juegos de azar en los que la serie numérica terminase en trece, no por casualidad ni libre albedrío, si no por buscar su estrella en el dígito que tantas coincidencias había marcado en su vida, intentando resarcirlo de ese mal agüero al que la gente lo tiene predestinado. Intentaba que fuese su guarismo de la suerte.
Esperaba reclinado en la pared con gesto de cansancio en mi cara. Disgustado quizá, me acomodo en el lento paso del tiempo delante de la habitación 689 donde reposa, sedado, mi hermano Eduardo. Las tres horas prescritas y anticipadas de la crónica de su muerte anunciada, se convirtieron en tres días, tres largos días de expectativas inútiles, de miradas bajas premonitorias de una respuesta conocida, de parquedad en las palabras y de temida consciencia del final anunciado. Cuando eres conocedor del colofón no hay lugar para la esperanza.
El largo pasillo hospitalario me recordó el famoso corredor de la muerte. Pintado en tonos blancos y amarillos. Interrumpía este monótono colorido, la simétrica colocación de las puertas y algún que otro aparato o mueble sanitario que descansaba en el pasillo. Parecía, en su longitud, interminable. En el techo los fluorescentes, equidistantes unos de otros, iluminaban tediosos y cansinos el espacio separador de las moradas. De vez en cuando, una enfermera salía o entraba en las habitaciones con aire abstraído y desentendido del verdadero problema interno de cada uno de los habitáculos. Era el cumplimiento de su quehacer diario y el paso del horario deseado para terminar su jornada. El personal sanitario, los familiares y amigos, junto con los pacientes, formábamos ese peculiar mundo surrealista que nada tenía que ver con la vida cotidiana que residía fuera de la clínica. Todo tocado por ese deambular de las horas que marcaban el presagio de la espera de cada uno de nosotros. Todo estaba en manos de la incertidumbre y la expectativa.
El miércoles, día ocho de Abril, a las nueve y diez de la mañana, mi hermano se apea en la más solitaria de mis estaciones pintadas, ya cansado, para dar por finalizado el viaje. El andén, sin gente, queda inmerso en la más extensa de las soledades. La angustia acumulada se vuelve en un afable soplo de libertad. Todos estábamos excitados por el fatal desenlace, pero una suave brisa acarició nuestra alma otorgándonos un apacible alivio tantas veces implorado.
El personal administrativo del tanatorio cubrió los impresos de rigor y luego nos acompañó para que eligiésemos, ente los tres túmulos que estaban vacíos. Cuando vimos el primero no fue necesario ver los restantes; sobre la puerta de entrada, colocado sobra su parte derecha, se localizaba como esperando, el número de identificación del espacio, el trece.
El día nueve, Jueves Santo, se produjo su inhumación a las trece horas. No se hizo el funeral ese día, por ser festivo y por que los espacios litúrgicos ocupaban el tiempo de los actos preconcebidos para la celebración de la Semana Santa.
El acto funerario se pospuso para después de pasar la semana de pasión. Eterna semana de pasión.
Los epitafios mortuorios desafían a la memoria y al olvido. Estarán todos a tu lado, también yo, tu hermano, para no olvidarte. Te recordaré siempre, mirándote a los ojos aunque no estés presente.
Como anécdota y coincidencia, el lunes día trece, homenajeando tu “suerte”, se celebrará tu réquiem.
Cuando éramos jóvenes, aún siendo él mayor que yo, compartíamos habitación y jugábamos juntos. Para que hablar de fiestas y “perrerías”.
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| 17 Apr 2009 - 12:39 por Xoan Guerreiro |
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| Compañero de viaje |
Si desestimamos la compañía, muchas veces estamos condenados a viajar solos.
Las ocho de la mañana. Como siempre, como todos los días. Salgo de casa y camino en dirección al estudio. Antes de comenzar la jornada laboral, entraré en la cafetería para tomarme el acostumbrado café y echaré, también como siempre, una fugaz ojeada a los periódicos diarios.
Delante de mí, en la calzada, el fragmentito de papel revolotea a su libre albedrío empujado por la brisa. Ahora a la izquierda, ahora a la derecha, a veces me sobrepasa y a veces queda rezagado. También me espera en la más silenciosa quietud y temporalmente olvidado en la retaguardia hasta que remonta el vuelo. Luego vuelve adelantarme, describiendo interminables vocabularios en el aire.
Su conversación es gestual, marcada por el capricho y dirección del viento. Con ese diálogo sordo, carente de sonido y timbre, falto de entonación y volumen, nos comunicamos en el tránsito de la calle. Una ráfaga maliciosa empujó a mi compañero andante sobre los matojos dispuestos a lo largo de la acera. Terminó su recorrido protegido y prisionero en las ramas de un arbusto.
Atrapo con mis manos al acompañante desconocido, liberándolo de su cautiverio y restableciéndolo en la libertad. Antes de dejarlo navegando por el aire, identifico al viandante leyendo con dificultad sus datos impresos: Autobuses IASA, S. L. Trayecto: Xove – Viveiro Hora: 20:00 Fecha: 02 - 04 – 2.009
Toma de nuevo destino indefinido, surcando los aires, recordándome el vaivén de un velero. Cansado quizá de su amplio trayecto, abandona definitivamente la compañía para postrarse en un solar cercano, descansando entre la hierbas. Allí queda anclado, refugiado en los verdes vegetales de la finca, mientras me alejo perdiendo su visión en la distancia.
La soledad es carencia cuando tenemos predisposición para no sentirla. En cualquier calle, en cualquier camino, siempre encontraremos la compañía necesaria para continuar el viaje.
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| 3 Apr 2009 - 11:41 por Xoan Guerreiro |
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| Alquiler de sueños |
Un domingo por la tarde, una velada tarde de primavera, cuando las mariposas revolotean de esquina a esquina del jardín, configurando trazados inverosímiles e imposibles de seguir con la mirada, por sus bruscos y ágiles cambios de trazado. Abstraído y relajado en esta visión perezosa me aletargué en mis sueños.
Caminando rumbo al norte, como explorador experto conocedor del camino, me dirigí al destino que me permita cumplir ese compromiso adquirido con mi deseo y tu ausencia: robar el mar. ¡Sólo a mi se me ocurre robar el mar!
Entre suspiros y aromas fui recogiendo el agua, depositándola con esmero y con dulzura en bolsitas de papel. Como lágrimas escurridizas iba tomando acomodo en el vano de mis manos y con cuidados movimientos, realizaba el trasvase al soporte destinatario del líquido elemento. Como la delicadeza de una caricia a un recién nacido o el roce de las plumas de un pájaro en los labios, así realizaba las maniobras de desvalijamiento de tu preciado tesoro.
Envuelto y empaquetado, frágil y urgente, así te lo envío a tu destino postal.
En la negritud, la noche respetaba la estela luminosa del celador de mis sueños. Las estrellas salpicaban de brillantes esmeraldas tu contorno enfático, difuminado y perdido en las brumas del silencio. Vigilabas, guardabas y custodiabas ese mar cansado y triste que tantas esperanzas abriga en el sigilo de sus fondos. ¡Cuántas quietudes y tempestades grabadas en tu retina!
Bautizado con innumerables nombres para un mismo personaje: Roncadoiro, Punta Nariga, Roncudo, Vilán, Touriñán, Fisterra, Montelouro, Punta Insua… Nunca para llamarte, siempre para sentirte.
La niebla disipaba las formas, afincando tu imagen en la memoria de mi recuerdo. Tus calles, como siempre, solitarias en mi deambular cansino, sin trascendencia ni criterio, por el albor de la mañana. Un bosque de semáforos, algunos secos en sus destellos, apuntalan y protegen las calzadas como los árboles las veredas. Pero a ninguna ave se le ocurrió anidar en sus entrañas. Me siento bien caminado por este paisaje urbano, deshumanizado y carente de sentimientos, huérfano de voluntades y desposeído del calor humano.
Cuando vuelva a visitarte, ya no serás el mismo. Inerte en tu asentamiento pero cambiante e indiferente. Siempre con ese gesto de complacencia, de dejar pasar el tiempo, sin agitarte contra la intolerancia.
A lo lejos, el metálico ruido agudizó mis sentidos. Miré en la distancia, donde el camino se pierde, y el diminuto punto luminoso, en su acercamiento, comenzaba a transformarse en escala real. A lo largo de las vías transitaban, con paso acompasado y disminuyendo su aceleración, los vagones cargados de almas viajeras. En el andén, las maletas y las personas formaban un caos laberíntico por donde deambular hasta finalizar en el hastío. Paró el tren. En su interior se respiraba un aire de cansancio; en la cara de las gentes se intuía un apagado gesto de desconcierto y aventura, de incertidumbre y esperanza.
No lo dudé. Recogí mi equipaje, liviano equipaje, y subí al último de los vagones. La pasión por viajar hizo lo demás. ¡Qué hermoso es viajar en compañía!
El silbato del jefe de estación me despertó de mis sueños. Entreabrí los ojos y miré a mi entorno. Todo seguía igual, quizá la luz de la tarde disminuyó un poco en su intensidad volviéndose más tenue, pero las mariposas seguían revoloteando cerca de la silla donde estaba sentado, silla cómoda de jardín, que en su confortabilidad te permite descansar.
En mis tejanos, a la altura de la rodilla, descansaba plácidamente una mariposa.
Quien esto escribió, es un hombre entrado en edad, de aspecto rudo, no agraciado y cultivado en un medio rural , sometido a la convivencia con la soledad y en el presagio de la distancia y a veces el olvido, acostumbrado a contemplar la vida y la naturaleza como fuente de sabiduría y aprendizaje, un hombre con la suficiente sensibilidad y paciencia para soportar en la fila su turno, que le permita alquilar su sueño.
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| 26 Mar 2009 - 17:39 por Xoan Guerreiro |
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